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El legado espiritual, histórico, cultural y gastronómico de nuestros conventos de clausura
A las puertas de una nueva Navidad irrumpe con fuerza una Feria que conjuga solidaridad y compromiso social, gastronomía conventual y legado histórico-artístico. Se trata de la I Feria del Dulce Conventual “Sabor a Gloria”. La paz de los claustros, la vida austera y sacrificada, la intimidad de la oración y la entrega a los demás, son formas de vida lejanas para el mundo de hoy. Sellos de identidad, de autenticidad y de esmerada atención hacia uno de los principales modos de subsistencia de los conventos de clausura: la confección de las delicias que estos días se podrán degustar en la Iglesia de la San Francisco Javier, también conocida como La Preciosa Sangre. En este reconocido legado histórico-artístico de los conventos de clausura, lo arcano, lo sublime y celestial, componen la base sobre la que se elaboran los dulces conventuales, siguiendo las recetas tradicionales de los dulces artesanos. Junto a la repostería conventual podremos, al mismo tiempo, aprender en la otra sede de la Feria -Palacio de Los Golfines de Arriba- las recetas que las religiosas han sabido mantener a lo largo de los siglos, y que actualmente ayuda a aliviar las muchas dificultades económicas en las que se ven sus comunidades para subsistir. Quiero agradecer especialmente la participación de conventos de nuestras diócesis hermanas de Plasencia y Mérida-Badajoz, que con tanto cariño rezan por todos nosotros y por nuestras necesidades materiales, especialmente en estos momentos de dificultad, así como la presencia de conventos de Toledo y Córdoba. “Sabor a Gloría”, este es el lema que mejor resume el trabajo de nuestras hermanas de clausura y que degustaremos en las variedades de las delicias que se exponen en la Feria del Dulce Conventual. Francisco Cerro Chaves |
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